Recientemente hemos tenido en Cataluña un caso en que a una niña le fue
prohibido el acceso a la escuela por llevar su velo islámico en el cabello. Las opiniones públicas son devastadoras, tal como podemos ver a un resumen de las opiniones de la audiencia de La Vanguardia:
En contra del uso del velo islámico en las escuelas y una encuesta al respeto (ahora mismo el 83% se muestra en contra).
Recordaremos el caso francés, donde se ha prohibido llevar cualquier símbolo religioso en las aulas que, en la práctica, afecta mayoritariamente a la religión islámica. Por lo tanto, es una cuestión de calado europeo. Pero no tenemos que limitar su debate al velo islámico. Hemos podido observar los últimos años diversas
'guerras de símbolos', que enfrentan la diversidad de culturas, lenguas y opciones personales que conviven en un mismo territorio.
Las viñetas sobre Mahoma en Suecia y Dinamarca son otro caso, y de más proximidad el caso de la publicación en la revista satírica El Jueves de una viñeta sobre el heredero de la monarquía española, la quema de fotografías del rey Juan Carlos I en tantas ciudades catalanas, el boicot a productos catalanes en España (otra forma de 'quemar') o la indiferencia general de la inmigración hacia la lengua catalana en Cataluña.
Es difícil opinar sobre estos aspectos sin ofender a nadie y sin herir susceptibilidades, dado que además la mayoría tienen a ver con cuestiones de cariz político.
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