De victoria en victoria hasta la derrota final (desde la nada más absoluta hasta la excelencia pasando por el papelito)

El pasado viernes no pude acabar mejor la semana. Me llamó un cliente, cómo no, para hacer el último esfuerzo antes de la auditoría anual. Esto es un eufemismo que esconde la cruda realidad que tanto duele en muchas de las empresas de nuestro país. Lo que pretendemos es una vez al año dar la impresión de que el sistema de gestión implantado en la empresa está “vivo”. Vienen unos señores de fuera, más o menos rigurosos, con un mayor o menor conocimiento de la actividad de la empresa, y hay que poner las cosas en regla. La verdad es que la empresa sigue creyendo (está convencida) de que hay una serie de requisitos que a ella no le aplican. Este cliente en concreto lo denominaba “requisitos esotéricos de la ISO 9001”. Unos piensan que la evaluación continua de proveedores es una quimera, por la posición de sandwich en la que se encuentran (cliente grande, proveedor grande, ¿cómo le digo a Sidenor que si no me mejora la calidad del producto o del servicio le dejo de comprar? ¿O le penalizo?). Otros piensan lo mismo de la satisfación del cliente, de la revisión del contrato, de la calibración de equipos o de la gestión documental.

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