Un aspecto que siempre me ha molestado en demasía es que me cambien el nombre. Es cierto que en mi entorno más próximo es casi anecdótico (sólo un tío mio, inmigrante español, insiste en cambiarme el nombre y llamarme "Javier", pero ya dejé hace tiempo de decírselo). Pero todavía a menudo, en mi relación profesional o personal con España o Latinoamérica es común que me cambien Xavier por Javier, no sólo a nivel oral que en cierto modo quizás sea algo más comprensible, también por escrito. En otros casos incluso me han llegado llamar 'Francisco' (mi nombre completo es Francesc Xavier, del personaje navarro santificado como San Francisco de Xabier, localidad navarra con un magnífico castillo).
Ello es como si a George Bush le llamaran Jorge Bush, ¿alguien lo ha visto alguna vez? (aunque en este caso ciertamente se nos ocurra a la mayoría otros 'apelativos' que darle...).
En cualquier caso ello viene a colación por la reciente 'polémica' (absurda si quieren, pero cosas de esta querida España en definitiva) desatada por la intervención en un programa de televisión de Josep Lluís Carod-Rovira, un líder político catalán, en el que algunas personas del público asistente instieron en llamarle 'José Luís', sin duda con ánimo provocativo.